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Odiaba cuando me decías ‘nos vemos’ porque siempre sentía que era la última vez y ahora daría todos los segundos que tengo encima por volver a escuchar cómo me lo dices una vez más. Y como se cumple y te veo, como quién ve el mar detrás de unas rejas pero ello no le impide disfrutar de su tranquilidad. -A. 

Solo es capaz de hacernos daño quién quisimos tanto como para permitírselo y solo echamos de menos de verdad a aquel que nos hizo disfrutar un día. Solo nos rompe el corazón quién lo tenía consigo. -A.

¿Quién quiere lluvia de estrellas pudiendo contemplar tus ojos? -A.

Hazlo

Ríe como si el sonido de tu carcajada fuera a apagar todo el dolor que habita en ti. Abraza fuerte como si fuera la última vez. Sonríe intentando recomponer los pedazos que un día hicieron de ti. Conoce a las personas como si nunca te hubieran decepcionado y un día alguien te dará su mano y te agarrará tan fuerte que entenderás que se puede amar a más de una persona y que se quiere a pesar de todo, a pesar de nada. Llora sin motivo o con él, llora porque algún día habrás aprendido a hacerlo solo por quién merece la alegría. -A.

Creía el ladrón que todos eran de su condición y al final acabaron robándole el corazón y tú con el. -A. 

Perdonarse

Al final aprendes que la vida no trata de perdonar a los demás sino de perdonarnos a nosotros mismos. Y se nos hace difícil cuando no sabemos hacerlo. -A. 

Cero o cien. 

Nos hicieron creer que sabríamos empezar de cero pero nadie nos habló de las cuentas que llevaríamos a las espaldas. De aquellas que entenderían la vida al sumar las sonrisas. De esas otras que multiplicarían los ‘te quiero’ de verdad para aquellos días en los que alguien nos hizo restarnos obligando a dividir las penas para que el dolor no se quedara tan dentro. Nadie nos habló de las cuentas a medias ni de las pendientes cuya ecuación cuesta tanto resolver. No, no empezamos de cero, lo hacemos de cien y quizás sea esa la razón por la que dices que tengo la mirada llena de despedidas que nunca esperé y bienvenidas que esperan a alguien que de una vez por todas merezca la pena. -A. 

La fragilidad de mi cuerpo tenía miedo constante a romperse al contacto con tus manos. Lo que no sabíamos es que poseías la capacidad de rompernos el corazón sin ni siquiera rozarlo. -A. 

Igual que hay personas que son magia también hay momentos que nos hacen creer en ella por muy difícil que sea. Quizás la trampa esté en saber con quién compartirlos y compartirnos. -A. 

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